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Los humanos de esta primera década de siglo nos apegamos a las cifras más que ninguna otra generación antes. O esa sensación tengo, cuando a diario palabras extrañas como “prima de riesgo”, “número de leucocitos en sangre”, “barómetro de audiencia”, “tanto por ciento de interés mensual de la hipoteca”, “concentración de dióxido de nitrógeno (NO2) por metro cúbico de aire” y muchas otras más invaden mi casa, mi teléfono, mi mente.

Son extrañas, porque no puedo palparlas. Puedo vivir y de hecho vivo sus efectos. Pero son intangibles. Para mí, la importancia de las cifras a la hora de informar no es tanta. Demasiado cómodos viven algunos periodistas, apoltronados esperando que se publique el siguiente estudio que se convertirá en noticia y llenará páginas del diario, espacio en el boletín informativo o minutos del telenoticias.

Yo vivo esas cifras. Las vivo cuando la contaminación es tan intensa que respiro mal. Las siento cuando son mis células las que se vuelven contra su propio cuerpo y me atacan el organismo. Las padezco si la nómina del mes no da para pagar esa hipoteca de un piso que ya no tiene el mismo valor que cuando mi banco me ayudó a comprarlo. Me indignan cuando son acusaciones de fraude fiscal, recortes en el presupuesto sanitario, subidas en las arcas de la Casa Real. Cuando desaparecen misteriosamente de los fondos públicos.

Sin equívocos; valoro la magia de una combinación de 0 y 1  que hace posible que yo esté usando un ordenador en estos instantes. Pero a pesar de que nos acompañan, de que las cifras son intrínsecas a nuestro día a día, creo que siguen siendo frías, banales, demasiado manipulables. No llegan al trasfondo humano que las causa, se aleja de las personas que las provocan, de sus motivos, de sus maldades y bondades.

Quizás es que las cifras que ocupan las portadas de los medios de comunicación tienden a seguir el principio de good news are bad news.

Nick Cave and the Dirty Three — Zero is also a number

P/D: Quizás por venganza a estos pensamientos, o por simple e insustancial casualidad, las cifras hoy muelen a palos mi hogar.

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