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El único anticonceptivo que les gusta a Rajoy y companía: la marcha atrás democrática

Gallardón ha estado calladito durante unas semanas, después de la polémica que desató al anunciar que revertiría la actual ley de plazos del aborto por su antecesora, la retrógrada ley de supuestos -bajo la cuál, las mujeres están obligadas a explicar qué motivos tienen para solicitar un aborto y deben conseguir aprobación médica, basada en si ha sido una violación, hay malformación congénita del feto o si hay riesgo para la salud física y psíquica de la madre.

España había conseguido ser un estado en el que el aborto era una decisión libre, íntima y personal de la mujer. Atrás quedaban los largos años en que, quien podía costearse el viaje, la estancia y el procedimiento, viajaba a Londres para llevar a cabo la intervención. Eso parecía, por lo menos. Creíamos que la sociedad estaba preparada para entender que abortar no es un método anticonceptivo ni es sinónimo de irresponsabilidad en las relaciones sexuales. Que en nuestro país la gente entendía que los únicos capaces de decidir cuál es el momento indicado para tener una criatura son sus propios progenitores y en primerísima instancia, la madre, la mujer libre y con capacidad para escoger bajo sus criterios, deseos, convicciones y creencias.

Demasiado optimismo. Cómo decía Alberto Magro hoy en Twitter, Gallardón ha estado calladito unas semanas porque de su violencia estructural iba tejiendo con mimo la siguiente etapa: la violencia talibán. Es decir, ahondar más en este corte de mangas que nos hace a las mujeres el Ministro de Justicia. ¿Justicia? ¡Já! Ya era retorcida su propuesta inicial de reforma de la Ley del Aborto. ¡Pero no contento con ello, Gallardón da otra vuelta de tuerca! Ahora anunciando que la presencia de  malformaciones congénitas en el feto no será razón para permitir el aborto en España, retorcidísima idea bajo el cansino discurso de proteger a la indefensa vida del concebido que podamos llevar en nuestras entrañas -recordemos, durante unas cuántas semanas sólo son células que en cualquier momento pueden ir a parar al desagüe por causas naturales. El propósito de este retroceso, no puede ser otro ante los hechos, es negarle a la mujer la capacidad de decisión en algo tan básico, tan implícito, tan personal.

Todo esto ocurre cuando el gobierno de Rajoy ha echado por el retrete, siguiendo esa imagen, lo que podría haberse convertido en el cuarto pilar del Estado del Bienestar, de haber logrado una financiación realista y una oferta pública/privada de profesionales: me refiero a la Ley de Dependencia, tanto en el aspecto de ayuda económica como ayuda en la atención, el cuidado y el tratamiento de las personas dependientes. Claro, está muy bien pensado, quitaremos la posibilidad del aborto en caso de enfermedades que probablemente impedirán al bebé tener una vida normal e independiente, pero de paso nos cargamos el presupuesto destinado a las familias que hoy en día se encuentran en esa situación.

La decisión debe estar en manos de quien pertoca

Creo que pocos dolores del alma pueden compararse a los de un aborto natural o a los de la decisión de un aborto por causas médicas. Tiene que ser horrible estar embarazada, esperando con ilusión esa criatura, y descubrir que tu bebé tiene una enfermedad que le impedirá vivir una vida plena. No hablo de impedimentos como la ceguera o alguna malformación leve; me refiero a enfermedades que lacrarán su desarrollo, que provocarán su muerte a una edad temprana o conducirán a una discapacidad física y/o mental que les repercuta en su día a día. ¿Qué se puede escoger? No tengo ni idea de cuál es la mejor opción, sinceramente ¡ni idea! ¿Quién soy yo para opinar? Mis conocimientos médicos, como los de Gallardón, son escasísimos (quizás le saco un poco de ventaja, le pongo más interés al menos), y al no encontrarme en esa situación no puedo opinar. Pero sí sé quién debe tener la palabra: los padres. ¡La madre!

La madre, aconsejada por sus seres queridos o por los profesionales médicos, es quién debe decidir qué opción prefiere. Por eso es tan importante, tan primordial, que la legislación dé este apoyo a las mujeres. Que les permita tener plena capacidad de decisión, que no estén condicionadas por su situación económica o su contexto personal a la hora de tomar esta terrible decisión. Por eso es vergonzoso que España, otra vez, vaya a obligarlas a viajar al extranjero si optan por un aborto, con toda la carga emocional y económica que ello supone. ¡O peor, obligarlas a acudir a clínicas clandestinas, exponiendo su vida a un riesgo gravísimo!

Sí, la maternidad es una opción implícita en la mujer, igual que lo es la paternidad en el hombre. Biológicamente estamos hechos para transmitir nuestros genes y prolongar ad eternum la información genética que nos forma. Sin embargo, culturalmente tenemos muchísimas más variables afectando este estadio de la vida. Podemos decidir si queremos ser padres, con quién, cuándo y cómo. Aún más, es una obligación tomar esa decisión asumiendo los pros y los contras, porque nos lo debemos a nosotros mismos, a nuestra familia o pareja y a nuestros hijos, en caso de tenerlos.

A las mujeres que defendemos el aborto nos acusan de frívolas, ninfómanas o asesinas. Yo reivindico que somos personas con un alto sentido de la responsabilidad. Nunca traeré al mundo a una criatura si no me veo capacitada para hacerme cargo de ese hijo, de esa hija; si creo que no es lo que deseo, si no podré estar a la altura, si no es el momento adecuado. Creo que Gallardón, Rajoy y el resto de payasos de circo que conforman el gobierno actual pueden presumir de muchas cosas, pero desde luego, la responsabilidad no forma parte de su repertorio. Acabo con un sentido y profundo <<la madre que te parió, Gallardón>>.

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