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Se preguntará, señor Ministro, por qué le escojo precisamente a usted para hacerle esta solicitud. Verá, no es que sea el único que cumple con los réquisitos. De hecho, para bochorno ciudadano son bastantes los que tienen una silla guardada en el Congreso de los Diputados y encajan en el perfil del que hablaremos hoy.

¿De qué hablo, dice? Lo siento, me voy por las ramas. Le cuento, no sé si se habrá dado cuenta de que en España tenemos un pequeño problema con la vivienda. Hubo algo llamado “burbuja inmobiliaria”, no sé si le suena; los precios subían, subían y subían, al tiempo que la capacidad adquisitiva de la gente subía únicamente gracias a la posibilidad de endeudarse con facilidades. Para que lo entienda, muchos pudieron comprarse una casa, por ejemplo, a través de una deuda millonaria con sus entidades bancarias, préstamo que se conseguía con una facilidad pasmosa y que a su vez, repercutía en el precio de la vivienda, haciéndolo subir por las nubes. Sabrá que petó y sabrá qué ocurrió después…

Pues verá, otro problema de esta burbuja inmobiliaria es que nos creímos el bulo de “alquilar es una pérdida de dinero”, “los pisos nunca pierden su valor, siempre están al alza” y toda una sarta de tonterías que sonaban bien. Nos las creímos. Y cuando se cerró el grifo del crédito, la posibilidad de acceder a una vivienda se desvaneció porque nos habíamos creído que alquilar era de idiotas sin visión de futuro, que la única opción era comprar e invertir en el ladrillo, un valor seguro. Petó la burbuja inmobiliaria y los alquileres campan a su aire, porque no se trabajó para convertirlos en una opción real, una elección factible para cualquier individuo.

¿Qué tenemos ahora? Tenemos un país convertido en cementerio de casas vacías. Tenemos una Ejpaña que desahucia una media de 500 viviendas cada día, imagine la cantidad de familias que afecta esa cifra. Parecen fríos números, pero son gente con hijos, ancianos, jóvenes, currantes o parados. Que no pueden afrontar una letra de la hipoteca que les exige un importe abusivo, puesto que el valor del piso en el momento de su compra tenía una morterada de ceros detrás, pero ahora estos ceros se han extinguido, prácticamente, por lo que ni siquiera pueden cambiar el piso por la deuda, entregarles al banco su vivienda y quedar libres. Es todo muy retorcido ¿no le parece Ministro Montoro? Es todo muy, muy retorcido.

Otra vez, me pregunta, ¿y yo qué tengo que ver con esto? ¡Si habla de la herencia socialista! Además, usted lo ha dicho, no soy el único caso en el Congreso. Y en segundo lugar, no llevo Vivienda en mi cartera, señorita, es usted una mamandurría estúpida. Bueno, señor Ministro, usted no lleva Vivienda en su cartera, pero no me negará que teniendo tres pisos en Madrid y cobrando la dieta por alojamiento que les corresponde a los diputados del Congreso que residan fuera de la Comunidad de Madrid, no me negará, así en confianza, que parece que usted sabe tres o cuatro cositas de esto de la vivienda. ¡Vamos, que usted es un caballo ganador! Uno de los que supo entender el verdadero valor de la burbuja inmobiliaria. A usted no le desahuciarán, Dios nos libre, porque no se lo deseo y además estoy segura de que no hay dinero para Sanidad o Educación, pero ya se cuidará usted de que haya algo guardado para su sueldo.

Lo único que le pregunto es: ¿cómo tiene el valor de seguir cobrando esa dieta, señor Ministro, cuando a diario hay centenares de familias que se quedan en la calle? ¿Cómo tiene el valor de aceptar ese dinero, señor Ministro, cuando hay tantísimos jóvenes que no logran independizarse porque ya ni siquiera tienen la rídicula ayuda económica que les proporcionaba el Estado? ¡Cómo puede hacer estos recortes injustos, sangrantes e inútiles cuando ni siquiera es capaz de tener un comportamiento ético en algo tan simple como rechazar una dieta que no le corresponde! Hagamos una cosa, señor Ministro. No me pague el alquiler, porque puedo hacerlo sola. Pero tenga la decencia de rechazar algo que no merece, aunque sólo sea por demostrar que incluso usted puede llegar a tener ética.

Crystal Fighters — At home

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